Estudio · Semana 1 · 21 de octubre de 2026

El sacerdote que propuso el Big Bang

En 1927 un físico belga, que además era sacerdote, propuso que el universo tuvo un comienzo. Casi cuarenta años después encontramos su huella: una luz antigua que todavía llena el cielo. Y tres tradiciones milenarias ya hablaban de una luz primera.

El video de la semana, en 60 segundos.

Un cura con una ecuación

Georges Lemaître nació en Bélgica en 1894. Fue ingeniero, sobrevivió a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, se ordenó sacerdote en 1923 y se formó en matemáticas y física en Lovaina, Cambridge y el MIT. Hizo las dos cosas toda su vida: celebrar misa y resolver las ecuaciones de Einstein.

En 1927 publicó un artículo con una idea incómoda para su época: el universo no es estático, se está expandiendo. Y si hoy se expande, ayer era más pequeño. Y antes de ayer, más pequeño todavía.

En 1931 llevó la idea hasta el final en la revista Nature: el universo habría comenzado en un estado único, concentrado, al que llamó el «átomo primitivo». Años después, en 1949, el astrónomo Fred Hoyle, que no compartía esa idea, la llamó en un programa de radio de la BBC Big Bang, «la gran explosión». El nombre se quedó.

Me pareció que había dos caminos hacia la verdad, y decidí seguir ambos. Georges Lemaître, entrevista en The New York Times Magazine, 19 de febrero de 1933

La huella: una luz que todavía nos llega

Si el universo empezó caliente y concentrado, debería haber quedado un rastro. En 1965, dos ingenieros de los Laboratorios Bell, Arno Penzias y Robert Wilson, encontraron un ruido de fondo en su antena que no se iba con nada. Venía de todas las direcciones del cielo, día y noche.

Era la radiación de fondo de microondas: la luz más antigua que existe, liberada cuando el universo era muy joven, enfriada y estirada durante miles de millones de años. Por ese hallazgo recibieron el Premio Nobel de Física en 1978. Hoy los satélites la han medido con enorme precisión.

Dicho simple: el universo tuvo un comienzo, y ese comienzo fue luz. Todavía la estamos viendo.

Ahora mira esto

Antes de los telescopios, distintas culturas, separadas por siglos y miles de kilómetros, escribieron sobre el origen. Y coinciden en una intuición.

La Biblia. El primer libro empieza así:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra… Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Génesis 1:1-3 (Reina-Valera 1960)

Un detalle curioso: en el relato, esa luz aparece en el primer día, antes que el sol y las estrellas, que llegan recién en el cuarto.

La Cábala. La mística judía, en la escuela de Isaac Luria (siglo XVI), describe a Dios como Ein Sof, «sin fin», y habla del Or Ein Sof: la luz infinita que lo llenaba todo antes de la creación. Para que el mundo pudiera existir, esa luz se «contrajo» y dejó un espacio (el tzimtzum), y en ese espacio entró un rayo de luz que dio origen a todo lo demás.

El Rig Veda. Uno de los textos religiosos más antiguos de la humanidad, compuesto en la India hace unos 3.000 años, tiene un himno entero sobre el origen (Rig Veda 10.129, el Nasadiya Sukta). Empieza así:

Entonces no existía ni lo que es ni lo que no es. No había aire, ni cielo más allá… No había muerte ni inmortalidad, ni señal que separara la noche del día. Rig Veda 10.129, versos 1 y 2 (traducción libre)

Y termina con una humildad sorprendente: quien lo vigila todo desde el cielo más alto lo sabe… o quizá ni él lo sabe.

Culturas distintas. Siglos de distancia. La misma intuición: antes de todo, nada; y lo primero, una luz.

Lo que el propio Lemaître pensaba

Aquí viene lo interesante, y lo que nos importa ser honestos. Lemaître no usaba su teoría como prueba de Dios. Decía que su hipótesis quedaba «enteramente fuera de cualquier cuestión metafísica o religiosa». En 1951, cuando el papa Pío XII habló del comienzo del universo como si la ciencia confirmara la creación, a Lemaître le incomodó: su teoría aún no estaba probada, y no quería mezclar los dos caminos.

Por eso aquí no te decimos «esto demuestra que Dios existe». Te decimos algo más simple: la ciencia no reza, pero cuando descubre cómo empezó todo, está leyendo las notas de quien lo empezó… o de nadie. Esa conclusión es tuya.

Para pensar esta semana

  1. ¿Por qué existe algo, en vez de nada?
  2. Si tres culturas sin contacto entre sí intuyeron una «luz primera», ¿qué explica mejor esa coincidencia?
  3. ¿Crees que la ciencia y la fe son dos caminos hacia la misma verdad, como pensaba Lemaître, o caminos que no se tocan?

¿Coincidencia… o firma?

Fuentes

  • Lemaître, G. (1927). «Un Univers homogène de masse constante et de rayon croissant…». Annales de la Société Scientifique de Bruxelles, A47, 49-59.
  • Lemaître, G. (1931). «The Beginning of the World from the Point of View of Quantum Theory». Nature, 127, 706. nature.com
  • Aikman, D. (1933). «Lemaître Follows Two Paths to Truth». The New York Times Magazine, 19 de febrero. Observatorio Vaticano
  • Universidad Católica de Lovaina, archivo Lemaître: «Pius XII and the discourse Un'Ora». archives.uclouvain.be
  • Citas de Lemaître recopiladas (incluye la de 1958 sobre cuestiones metafísicas, según Helge Kragh, Cosmology and Controversy, 1996). todayinsci.com
  • Premio Nobel de Física 1978, Penzias y Wilson. nobelprize.org
  • Rig Veda 10.129 (Nasadiya Sukta). Wikipedia
  • Génesis 1:1-3, Biblia Reina-Valera 1960.